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Ella




Ella es como esa suave brisa en un día caluroso: 

te refresca tanto que quisieras abrazarla sin despegarte de ella. 

Su calor representa la inocencia que solo un ángel puede brindar 

y sus ojos expresan el verdadero amor, como si no hubiera un mañana.


Sin poder hablar, conozco sus miedos, sus deseos y su rabia. 

Me protege a capa y espada, como si fuera su diosa, 

y me enseña a comunicarme con gestos y miradas 

para no aturdir su momento más preciado de silencio.


Aunque no me dé cuenta, ella conoce cada parte de mí 

y, con solo sentir mi aroma, relaja su cuerpo y se acuesta a mi lado. 

No me cuestiona ni me reclama nada. 

Ella es feliz así, con lo mucho o lo poco que yo le pueda dar.


Con ella aprendí a disfrutar de una caminata, 

del aire fresco fuera de casa 

y de las caricias como signo de amor puro.







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