Es un deseo ferviente que nunca se apaga, que cobra más intensidad y que recorre cada espacio de mi cuerpo y de mi alma. Es como si me estuviera llamando a gritos y tocando a la puerta para que yo deje pasar las plantas y raíces que han nacido, pero que no conocen la luz del sol. Al igual que esa sensación de estar enamorado de alguien a quien no puedes sacar de ti, así es esta fuerza que me impulsa a usar mi valía para enfrentarme a lo desconocido y a lo que desde niña siempre quise. Pasan los años, y mi niñez ya está más lejos.
Pasión por las Palabras