Quiero decirte, papá, con el alma, el orgullo profundo que siento por los dos: tú, mi maestro firme y mi ejemplo; y yo, tu hija, que admira tu recto y hermoso corazón. Me diste la brújula para la travesía, la disciplina honesta, la perfecta simetría, el valor de la mano que en familia se da y el arte de las cosas hechas con amor. En tus manos de artista en el torno, donde el metal se transforma en mágicas formas, reconocí el origen de mi propia destreza: el pulso en el detalle y la paciencia. Eres un puente sobre nuestro camino, Un puente de valores y de fuerza, que une mi presente a tu naturaleza. Por eso y por tanto, la vida se ilumina. Feliz día, papá, artesano y amigo, gracias por cuidarme, protegerme y amarme.
Pasión por las Palabras