Había un oso hormiguero que era grande e intelectual. Era jardinero y escritor de historias de la vida real. Una tarde muy dorada, de intenso y hermoso resplandor, tuvo la brillante idea de sembrar flores al sol. Fue al vivero de la ciudad, un lugar de gran belleza, y compró cuatro hortensias como si fueran para la realeza. Mientras los hoyos cavaba con esmero y con decisión, vio unas hormigas pasar y sintió gran tentación. —¡Delicioso! —exclamó el oso—, ¡mmm, qué energía y qué sabor! Justo lo que necesitaba para mi linda labor. Y así plantó sus hortensias, terminando su misión. De seguro escribirá esta historia en la noche en su sillón.
Pasión por las Palabras