Había un oso hormiguero
que era grande e intelectual.
Era jardinero y escritor
de historias de la vida real.
Una tarde muy dorada,
de intenso y hermoso resplandor,
tuvo la brillante idea
de sembrar flores al sol.
Fue al vivero de la ciudad,
un lugar de gran belleza,
y compró cuatro hortensias
como si fueran para la realeza.
Mientras los hoyos cavaba
con esmero y con decisión,
vio unas hormigas pasar
y sintió gran tentación.
—¡Delicioso! —exclamó el oso—,
¡mmm, qué energía y qué sabor!
Justo lo que necesitaba
para mi linda labor.
Y así plantó sus hortensias,
terminando su misión.
De seguro escribirá esta historia
en la noche en su sillón.
