Quiero decirte, papá, con el alma,
el orgullo profundo que siento por los dos:
tú, mi maestro firme y mi ejemplo;
y yo, tu hija, que admira tu recto y hermoso corazón.
Me diste la brújula para la travesía,
la disciplina honesta, la perfecta simetría,
el valor de la mano que en familia se da
y el arte de las cosas hechas con amor.
En tus manos de artista en el torno,
donde el metal se transforma en mágicas formas,
reconocí el origen de mi propia destreza:
el pulso en el detalle y la paciencia.
Eres un puente sobre nuestro camino,
Un puente de valores y de fuerza,
que une mi presente a tu naturaleza.
Por eso y por tanto, la vida se ilumina.
Feliz día, papá, artesano y amigo,
gracias por cuidarme, protegerme y amarme.
